jueves, 29 de octubre de 2015

TONTÍN




De los siete el más pequeño, de los siete el más torpe, torpeza a la que cuando el viento soplaba a favor le llamaban ternura. Cualquier caricia era ganancia, típico perdedor enamorado de aquella princesa, porque Disney no admite enanos con princesas; Disney es como Osmel y su obsesión por la belleza: esculpida, perfecta, estereotipada, y él, él había nacido de aquella pluma de Disney y además era un clásico (suerte que tuvo Shrek de nacer en la vanguardia).

Camino a casa siempre quedaba de último, y ella… ella venía con su belleza despiadada y noble a rescatarlo del olvido de los otros seis. En sus sueños él se postulaba a príncipe, en sus sueños era él quien daba ese beso, en sus sueños media más (o al menos la ropa no le quedaba tan grande). No quería ser tontín, quería ser príncipe o poder escapar del cuento, pero los enanos tontos siempre hacen reír y no se quedan con las princesas y cuando el narrador dijo su último parlamento “y Blanca Nieves y el príncipe fueron felices para siempre” Tontín se quedó sin ella para toda la vida.

domingo, 25 de octubre de 2015

Nuestro Elefante



¿Te acuerdas mi amor de cómo nació nuestro elefante?  Fue ese 15 de marzo   cuando fingiste el orgasmo y te metiste a bañar para limpiarte la dignidad, la tolerancia, el hastío. Al salir, te metiste en la cama de espaldas a mí, desde entonces tu espalda se convirtió en el muro que me impedía mirarte a los ojos; el muro que de orgasmo fingido y orgasmos con otros y otras   fue creciendo y, justo en medio de esa barrera, nuestro pequeño elefante: mojado de lágrimas y culpas se metió frío en nuestra cama y ahí empezamos a criarlo. Yo también lloré, lloré tu engaño y el mío… lloré tantas noches sin ti aún cuando te tenía al lado. Así empezamos a preñarnos de nuestro elefante. ¿Recuerdas sus primeros pasos?, fue al día siguiente de la primera mentira, sí. Empezamos a ver los celulares en lugar de mirar nuestros problemas y el beso en la boca se perdió como se pierden los productos de primera necesidad en nuestro país; pero seamos honestos, ambos tenemos acaparados nuestros besos en el orgullo que es, sin duda, el alimento preferido de nuestra mascota. Luego de sus primeros pasos, en la comida se podía escuchar como barritaba mientras un silencio aburrido e incómodo nos ahogaba en el momento; pero la comida mi amor, la comida quedó deliciosa; tranquila, yo lavo los platos.
            Luego, creció tanto que tú ahora te meces en su trompa mientras haces yoga para olvidar que ya no me admiras; mientras yo me masturbo con las sobras traseras de nuestros propios recuerdos mojados. Y el barrita por toda la casa, barrita por las noches cuando nuestros pies ya no se cruzan entre las sabanas, barrita por el día cuando no hay besos después del café, barrita en los meses de aniversario y está  tan grande mi amor y tú que te escondes en su trompa, en sus orejas allá arriba montada y yo, yo por aquí por su cola, por sus gigantes y dolorosas patas que pisan mi anillo de bodas, que pisan sin piedad y con temple  el sueño que hoy es una agonía silenciosa de una muy triste convivencia. Este elefante cariño, está destruyendo nuestras columnas; nuestro domingo de películas en cama, nuestros sábados de mojitos con los amigos. Ya no puedo verte, estas allá montada en la trompa y yo aquí pisando las cosas con él. Mirando la mierda que cae en nuestros roles pasivos, mirando la mierda del elefante caer en la amistad que una vez tuvimos, en el deseo que dejamos morir mientras nuestro elefante crecía en medio de nosotros.

            Tan bella nuestra inmensa mascota amada mía, que nos ha comido con sus dientes de calma, con sus colmillos de inercia. Que lo ha destrozado todo, menos la foto del portarretrato que da la imagen ante el mundo de que somos una pareja feliz.       

jueves, 22 de octubre de 2015

EL METRO



Un hombre cansado, como la paciencia de un sueldo mínimo, duerme de estación en estación.
Una mujer y su hijo: ella lleva prótesis porque le falta una pierna; el niño tiene los dientes repletos de caos.
Un hombre ebrio cuenta unos pocos billetes de cien, como quien hace inventario de una ruptura.
Una madre; pobre y delgada, sacándole los piojos a su hija (también pobre y delgada)… se apoyan en su escasez.
El hombre ebrio coquetea con la mujer que no tiene una pierna.
La mujer, a quien le falta la pierna, ríe como si el hombre ebrio fuese un príncipe.
El niño de los dientes repletos de caos se hace cómplice. Ahora ríen los tres.
La mujer de la prótesis se sonroja; es bonita, pero le falta la pierna.
El hombre ebrio es marrón, como esas cosas feas que son marrones.
El niño con los dientes repletos de caos tiene la ropa sucia.
La madre pobre y delgada abraza a su hija, también pobre y delgada.  Parece que tienen hambre y sólo comen amor.
Las estaciones siguen con indiferencia; el caballero dormido, su cansancio y su sueldo también.

El hombre ebrio sigue agitado y contento, la mujer sin pierna baja la cara cuando le toca bajarse.
El niño con los dientes repletos de caos se levanta y se despide del hombre ebrio.
La mujer y su prótesis se levantan. Ella va lenta, triste, sin mirar a su príncipe borracho.
Su príncipe ebrio ya no le presta atención.
Ella se despide con la tristeza resignada de quien no tiene una pierna y le sobran complejos…
El ebrio vuelve a mirar los billetes; le queda lo justo para tocar fondo.
La madre pobre y delgada y su hija pobre y delgada se toman de la mano. Se bajan con un amor curtido, pero millonario, en la siguiente estación.
Estoy sola.
Nadie a quien observar.

Entro en pánico y cierro los ojos… para no mirarme.

domingo, 18 de octubre de 2015

TENEMOS UNA CITA



Me encantaría encontrarte un día y saber que al fin hallaste el amor… dentro de ti.
Que me contaras cómo lo lograste, mientras miro tus uñas pintadas de vino tinto.
Me encantaría encontrarte un día, invitarte un café y verte reír
perdidamente enamorada de ti; controlando con elegancia tus estribos.

Que me dijeras que pudiste al fin encarcelar a tus demonios y ellos,
adiestrados  por tu inteligencia, sólo salen bajo libertad condicional.
Y así, mientras cruzas las piernas y yo pido el café, me miras y te miro;
como quienes una vez se dejaron en la oscuridad y hoy se miran en la luz.
Entonces, yo te observaría mientras tomas tu café: vestida de ti, perfumada de ti, llena de ti.

Me encantaría ese día, sí; donde no cargues armas debajo de tus miedos.
Que me digas que te diste de baja para la ira,
que ya no caminas con los malos augurios de la hostilidad
y que se note en tus cachetes que te quieres mucho,
que decidiste amar tus pechos pequeños y perdonarte la hipermetropía.

Quisiera que fuera un café al aire libre,
para no perder la costumbre de que el cielo nos mire.
Yo te contaría que ya sé administrarme y publiqué un libro,
que desde nuestra despedida me pinto las uñas
y sigo soñando con palabras que no existen.

Sería un café muy bonito; con la temperatura perfecta para poder abrazarnos
y que me muestres las fotos de tu viaje hacia ti,
donde entendiste que la mujer de tu vida eras tú.
Donde me relates con palabras nuevas y algún chiste
cómo conociste la confianza.

Sí, por eso hoy te dejo partir…
para encontrarnos un día, ese día y en ese café
y yo saber que eres la misma, pero con otra versión de ti
que soy la misma, pero con otra versión de mí.
Y, quizás, podamos salir de nuevo;
juntar nuestro humor y nuestra afición por los perros calientes.

O tal vez sólo sea para mirarnos completas y saber que sí lo logramos,
que el cordón umbilical con alambre de púas no logró ahorcarnos.
Así que anda, déjame ir.
Que si no me dejas ir y no te dejo ir, mi amor…

jamás llegaremos al café y vamos tarde.

viernes, 16 de octubre de 2015

CIRCO



No vagues en optimismos.
No te escondas en pronombres.
No te vendas en tercera persona.

No sobornes la pasión para que vote por ti.
Asegúrate de que la vergüenza exponga muy bien tus miserias;
admite que el éxito es una mujer que nunca te ha abierto las piernas.  
No abras las manos como si te gustara la libertad,
mastúrbate con el premio que no tienes
y dile al SENIAT que no pagaste el impuesto.

Confiesa la guerra que siempre llevas por dentro
y declara tus sueños en una pesadilla irreversible.
Impugna tu identidad, ¡vamos!
Creemos ciegamente en que no crees en ti.
Córtate las manos, ¡tú puedes!

Camina por la cuerda en donde pierdes el equilibrio,
admite: tu idealismo es un circo.
Deja tu mar de noche, tu yate y tus muertes.

Y cuando ya te canses de dilucidar el éxito
quizás el tiempo te premie con libros

o te condene con el facebook.