jueves, 29 de octubre de 2015

TONTÍN




De los siete el más pequeño, de los siete el más torpe, torpeza a la que cuando el viento soplaba a favor le llamaban ternura. Cualquier caricia era ganancia, típico perdedor enamorado de aquella princesa, porque Disney no admite enanos con princesas; Disney es como Osmel y su obsesión por la belleza: esculpida, perfecta, estereotipada, y él, él había nacido de aquella pluma de Disney y además era un clásico (suerte que tuvo Shrek de nacer en la vanguardia).

Camino a casa siempre quedaba de último, y ella… ella venía con su belleza despiadada y noble a rescatarlo del olvido de los otros seis. En sus sueños él se postulaba a príncipe, en sus sueños era él quien daba ese beso, en sus sueños media más (o al menos la ropa no le quedaba tan grande). No quería ser tontín, quería ser príncipe o poder escapar del cuento, pero los enanos tontos siempre hacen reír y no se quedan con las princesas y cuando el narrador dijo su último parlamento “y Blanca Nieves y el príncipe fueron felices para siempre” Tontín se quedó sin ella para toda la vida.

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