lunes, 2 de noviembre de 2015

PROXEMIA






Osiel está sentado en la única silla de la habitación donde su mamá permanece hospitalizada por complicaciones respiratorias, consecuencia de su alarmante sobrepeso. Lee un libro. Lleva pantalones marrones, casi brinca pozos, que dejan ver sus medias blancas; zapatos pulidos del mismo color, camisa blanca, lentes. Es delgado como una anorexia. Su mamá, acostada y quejosa, lo llama:
—Hijo, ven por favor, dame un poco de agua. Esta agonía hijo, así no se puede vivir…
Osiel respira. Cierra el libro con lentitud, se acomoda la camisa y va hasta la mesa donde está el agua, la sirve e intenta dársela a su mamá; pero esta se ahoga y se confunde el agua con el sudor que le produce la dificultad para respirar. La mamá de Osiel tose, se pone roja, él se aparta y se detiene a mirar.  El ahogo terco sigue molestando, entonces aprieta el botón para avisar a la enfermera, que minutos después llega:
—Señora Sara, ¿qué me le pasó?, cálmese, venga… trate de poner la cabeza así. Vamos a revisar el medicamento, eso… cálmese (la soba, le da palmaditas en la espalda). Tiene que respirar y no ahogarse con los líquidos
—Ay chica, es que ya no puedo ni beber agua. Cómo me permití llegar hasta este punto.
—Señora Sara no se culpe tanto, mire; lo importante es que siga el tratamiento y la dieta
— ¿Cuándo le toca la próxima pastilla?—pregunta Osiel, sin sobresalto—.
—Dentro de una hora, pero antes debe comer. Ya le traigo la comida— aclara la enfermera—.
—Gracias
—Bueno Señora Sara, ya se le pasó. Cualquier cosa me vuelven a llamar. 
Osiel y su mamá se vuelven a quedar solos. Un silencio largo los contiene.
—Hijo, gracias por cuidarme, sé que soy un estorbo…que me convertí en un estorbo. Ven y dame un abrazo, ¿sí?
Osiel tose levemente, sigue mirando el libro, cambia de página —Trata de descansar no vayas ahogarte de nuevo, voy al baño… ya vengo—, le dice sin mirarla.
Va al baño, luego aprovecha para tomarse un café en la cafetería. Respira, se arregla la camisa y sube a la habitación. Cuando llega, están tratando de revivir a su mamá. Se queda como un espectador, silente y apartado.
—Lo sentimos señor, intentamos salvarla pero fue inútil. 
Salen médicos y enfermeras de la habitación; queda Osiel a solas con el cadáver de su madre. La mira desde la esquina en donde está, se sienta en la silla, se le ven las medias blancas por su pantalón marrón medio corto.  Sus zapatos pulidos del mismo color, su camisa blanca, sus lentes.
Esta vez prende un cigarro y sigue leyendo el libro.
Fin




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