domingo, 8 de noviembre de 2015

REFLEXIÓN

Las lágrimas de mi rostro me hicieron huelga un lunes triste, tenía todos los síntomas de una depresión y toda la disposición para llorar. En medio de mi oscuridad, dos lágrimas se me acercaron y manifestaron que lo lamentaban muchísimo, pero que no saldrían hasta que les dijera qué pasaría con ellas después de caer sobre mi rostro.
Por un momento me salí de mi melancolía y reflexioné, ciertamente, ¿qué pasa con las lágrimas después de caer?, ¿qué sentido tiene ser lágrima? Quizás estén todas aprisionadas en mis ojos buscando salir, para luego no saber su paradero ¿Serán felices las lágrimas? Son kamikazes involuntarios de mis desencuentros. ¡Caramba! Mis lágrimas son como espermatozoides sin posible fecundación; corren por mí hacia la nada. Hoy quiero llorar y ellas no quieren salir; y otras veces ha pasado que ellas quieren salir, pero yo no quiero llorar.
Entre tantas preguntas, no pude darle respuesta a mis subversivas lágrimas; así que estas voceras de las demás, de las izquierdas y las derechas, se fueron. Quedaron mis ojos secos, mis párpados sin vecinas. Y fue tanta mi nostalgia que cuando las vi marcharse… lloré.



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