jueves, 21 de enero de 2016

NO PUEDO DORMIR




            Antes del martes, yo podía dormir. Soy un hombre de rituales, exacto como el tiempo, amante de lo simétrico. Atrapado en un edificio de quinta en una avenida del sur del país producto de la inflación que impide mi recto crecimiento financiero. Ordenado y pulcro como soy, vivo acosado por el reguetón, la tardanza semanal del camión de basura , los carros, y las mujeres  ruidosas que prefieren los celulares antes que los libros. Y ellas… ellas que suelen aparecer por todas partes; perturbando aun más mi vida.
            Alterado, tomé un par de decisiones: primero, matarlas; segundo, ingerir Alprazolam y dormir plácido para despertar activo y volver puntual al banco a las 8 am… pero ese martes, desde ese martes no logro dormir; no puedo dormir. Desde ese día sólo pienso en ella, ni siquiera el Alprazolam ha podido combatir mi desesperación.
           
          Todo siempre me salía bien con cada una, a cada una la mataba como tenía que ser. Ellas aparecían de la nada a media noche y entonces yo, obseso sin remedio, las exterminaba… pero ésta, ¡Dios¡ ésta, ese martes: astuta, morena, esquiva; se me escapó. Cuando la vi, corrí, corrí despavorido a tomar el objeto con el que la mataría y podría descansar, pero al llegar al baño aquella cucaracha desapareció para siempre.

sábado, 16 de enero de 2016

RECLAMO


¡Tengo que reclamarte¡
Yo me enamore de ti, y tú, tu nunca pudiste enamorarte de ti.
Y ahora las dos te lloramos, con angustia, con desesperanza.

¡Bastabas, te lo juro¡
No fue necesario implantes treinta y seis para quedarme en tus pechos
Ni  el abdomen de sasha para curarte el dolor de vientre
Ni el cerebro de Simona de Beauvoir para dibujarme contigo
¡Bastabas tu, maldita sea¡ solo tú
con tus medidas, con tu impaciencia, con tu deliberada estupidez
Con tu humor adolescente, con tu amor desmesurado, desordenado, anómalo, mío, tuyo, nuestro.

¡Bastabas tú¡
Tú, solo tú…¿Y ahora lo entiendes?
Cuando el reloj me clavo sus manecillas y vencida renuncie a ti
No,  ¡no llores¡
Me atormentan tus lágrimas, tu epifanía tardía, tu grito asustado, tu infierno nuevo.
Ya no puedo salvarte y me duele, como si tu carne fuera la mía y la miro quemarse sin remedio.

No grites, no grites más
Que si te quemas es porque las  llamas vienen de ti

Y si yo vuelvo me incineras. 



domingo, 3 de enero de 2016

VOY A EXTRAÑARTE


Porque me sabes las costuras y te tejes en ellas tranquila;
porque tus manos siempre, en cualquier lado,
encuentran la caricia que combina.
Porque eres estúpida cuando yo demando tonterías
y sumisa cuando pido — a gritos —un momento de soberanía.
Porque tu edad es el barro que amoldo a mis manos pervertidas
y hay en ti algo de virgen y algo de perdida.

Nunca quise amarte… pero desnuda e insegura te me viniste encima
y yo, con hambre de educarte, de amaestrarte a mi teoría;
terminé redactando sobre tu vientre el amor que en mí impartías.

Ahora te vas y me dejas distinta
¿Quién coserá con los hilos de mis miserias sus vestidos de buena niña?
¿Quiénes, si no tus manos, acertarán sigilosamente en mi piel un buen coro de caricias?
¿Quién será tan inteligente como para fingirse tonta?,
¿y quién me pondrá el podio cuando, histérica,
necesite sentirme monarca e idealista?

Dolerá ver que otras manos te sabrán virgen y, a la vez, perdida.
Nunca quise amarte y hoy estoy amándote al pie de tu despedida.
¡Oh mujer amada! Ahora soy yo el barro. Ahora soy yo la niña
y tú me dejas sin tus manos expertas,  ya pervertidas.

(Si te gusto, comenta, tu opinion me interesa, puedes, seguir mi blogs)

sábado, 2 de enero de 2016

CICUTA



Yo quiero hablar de violencia,
pero esta vez de la mía.
No invocaré a la fuerza masculina como el ícono del opresor.

Las mujeres también golpeamos,
las mujeres también herimos,
mordemos entre palabra y palabra.
No dejamos el ojo morado, le apagamos la mirada;
no solemos engañar por un polvo,
volvemos polvo el corazón.

Yo también he sido mala;
mi inteligencia guarda adjetivos que disparan en tu inseguridad
y… adivina, tengo excelente puntería.

Yo también llego ebria de alevosía a golpear tu ego;
a decirte en voz de soprano, entre subtextos ambiguos,
cuán imbécil te has vuelto
y en qué tipo de cobarde te he convertido.

La agresión pasiva es tan elegante,
cicuta servida poco a poco,
adornada de falda y con pintura de labios.
Seducción degenerativa que te deja a siniestras de mí.

Si, yo también sé lo que es violar.
Yo no necesito encimarme. Simplemente, hago que te sientas bajo.
Y entonces, ya no eyaculas optimismo.
He vaciado el semen de tu propia hombría
y te ves diminuto en todas las  actividades.
Recorro muy bien mi tarea de cuestionarte todo
para que —de vez en cuando— dudes de tu existencia.

Yo no lanzo un solo golpe,
mis manos son tersas como la seda más fina
y, aún así, me temes.

Porque vigilo tus mentiras y hago que dudes de tus verdades,
porque si pensaras en agredirme; la ley, cariño, es ciega y es mujer.
Porque yo cerraría la puerta o iría llorando donde una vecina

En cambio tú, ¿cómo escapas de mi silencio?,
¿a dónde huirías de mis palabras?,  
¿cómo muestras los hematomas de tu identidad?

No hay radiografía que evidencie los moretones que le hecho a tu alma.
Nadie tiene indicios, siquiera, de que te hago llorar
porque los hombres no lloran…
porque ni siquiera tú sabes
que tu peor enemigo tiene manos de seda.

Sí, cariño: yo también he sido mala.