jueves, 31 de marzo de 2016

QUE DIOS APAREZCA




No quiero tomar fotos en un supermercado lleno de productos en el extranjero, no quiero drenar en varios selfies la profunda soledad que se puede llegar a sentir cuando se está en un país distinto; tampoco quiero bañarme con tobos de agua sucia y sentir un lujo la regadera, ni vivir al vértigo de mi último dígito de la cédula. No quiero despedir a mas nadie en el aeropuerto, sobre todo no me quiero despedir a  mí, no quiero negar o morder la idea de un chavista o descalificarlo  como un ser inferior, (al chavista votante)  sería hacerle lo mismo que la iglesia católica hace con mi sexualidad y me da susto parecerme al "evangelio". Yo simplemente quiero que aparezca Dios, que explique que entendimos mal la redacción de la biblia y la paja de sus apóstoles; quiero que venga iracundo y saque a los fariseos del territorio nacional, que no camine sobre las aguas no estamos para malabarismos, simplemente que esta vez el vino lo convierta en agua...LIMPIA. Sí, que aparezca  en el gurí, en Siria, en las fronteras entre los mundos enemistados, en la frontera entre la tolerancia y la pasividad. Yo quiero que aparezca en la asamblea, en el TSJ, en los supermercados, en la conciencia, sobre todo ahí, en la conciencia.

Porque yo no quiero ser una refugiada, una inmigrante, una sumisa de productos básicos, una adicta a necesidades inventadas, y la verdad, me siento perdida, sin identidad.

Camino y no encuentro respiro, inhalo calima, humo, esclavitud y quiero gritar, porque tengo meses sin probar pasta y un año sin abrazar a una de mis más entrañables amigas. Quiero gritar porque los anaqueles del espíritu también se me vacían, no me llegan por ejemplo los besos de la mujer que amo y llega un momento en que el skype se vuelve chocante, el vidrio de la pantalla parece una cárcel que impide a la piel un respiro, porque a la sangre también se le va el agua cuando los abrazos sólo son mensajes que dicen “Te abrazo” y la imaginación llega a ser lejos de una herramienta, una intangible crueldad. Entonces, yo necesito que aparezca Dios, que alguien lo busque, que aquí no llueve ni agua ni buenas noticias, que nos perdone tanta insensatez, tanta viveza nacional.

De verdad, necesito con urgencia que Dios se vuelva Viral, necesito seguirlo porque me siento sola, extranjera en mi país, porque me siento triste, porque a esto no se le puede llamar país; entonces necesito que aparezca, yo espero tres días si es necesario pero la cuarentena colectiva se ha extendido a 17 años, el diablo esta encaprichado con nosotros.

Por eso Yo quiero que Dios aparezca, o al menos que aparezca mi fe por él.

miércoles, 30 de marzo de 2016

DE LA MALA VIDA




Mientras tanto, en mi mente sigues desnuda
¡Puta!
¡Puta siempre pedida!
Puta tierna en ese burdel que es tu nombre.
Tu lunar: tu bombillo rojo.
Puta que regala falsedades,
que erotiza una herida y la lame,
se pierde en las calles de su propia conveniencia;
 insinúa verdades y masturba mentiras.

¡Puta! ¡Puta mía!
¡Puta siempre pedida!, ¡puta tierna!
Ramerita de 20 que me tiene atrapada entre sus muslos,
que me realiza esa vieja fantasía de quererla;
y se que se cotiza por cicatrices.

¡Puta, puta mía!
¡Puta siempre pedida!
Princesa de colchones mojados,
dueña y señora de eyaculaciones tristes,
revendedora de sus propias carencias,
emprendedora de estafas compartidas.
¡Puta!, ¡puta mía!
¡Puta siempre pedida!

martes, 29 de marzo de 2016

CRECER



Déjame sin ti.
Dame la espalda.
Arráncame de un tajo el cordón umbilical. 

Déjame náufraga en la incertidumbre.
Desnúdame en medio de la noche y de los años.
Destiérrame de tus ofrendas, tu oro, tu palacio.

Déjame sin ti, ¡te lo pido!
Quítame el pan y el vino.
Abandóname tambaleando, a mi suerte, en la balsa de mis instintos.

Suéltame. Empújame al viento desde lo más alto de tu montaña.
No llores delante de mí,
no te sientas culpable. No retrocedas.
Déjame ahogarme, que vengan los tiburones a las cinco de la tarde;
que me queme el sol en la piel como me quema  mi incompetencia.
No me abraces en el frío ni mucho menos me cobijes.

Déjame sin ti,
Descalza en las piedras,
hambrienta en la escasez…
así, sola, despiadadamente sola:
única, impar, disoluta.
Que necesito destruirme.
Caminar muriendo lenta, muy lentamente, sin ti.
Y un día, un día vendrán las gaviotas;
sabré entonces que he llegado nuevamente a tierra firme
y que esta vez, la isla seré yo.