viernes, 27 de enero de 2017

AUSENCIA




No hay asidero,
ni techo, ni rincón
donde partirse como Dios manda.

No hay palabras piadosas,
ni resiliencia a medio redactar.
Sobran amigos desechables,
de palabras sobornadas por la conveniencia.

Se fueron todos los ojos donde yo era nido.
Se fueron todos los brazos donde podía quebrarme.
Se fueron todas las palabras que podían revertirme.

Ahora entiendo a las plantas:
la sabiduría de crecer hacia dentro;
silenciosas y solas.
Sirviendo al paisaje
y vulnerables a la mano que arranca.

lunes, 23 de enero de 2017

La Universitaria



Entro al vagón del metro, pensando que mi desayuno fue más pequeño que mi estomago, me sostengo del tubo y miro a mi alrededor,  en el medio  hay un mendigo llorando, hincado, pidiendo, suplicando comida; un silencio nos contiene a todos, quizás todos estamos igual pero no nos arrodillamos, simplemente nos sostenemos del tubo, el silencio colectivo continua mientras el mendigo sigue suplicando arrodillado, una joven que tenía toda la pinta de universitaria  lo mira como ninguno se atreve a mirarlo, saca de su bolso su pote de comida y le dice “Chamo sabes que, llévatelo, comételo tú” el silencio se convirtió en admiración, se quedo sin almuerzo, la universitaria se quedo sin almuerzo, nadie quería mirar, la compasión nos sorprendió a todos, el mendigo agarra el pote de comida lo revisa y le dice” No chama, yo no como vegetales, prefiero revisar la basura pero yo no como vegetales”…¿ En serio? Esa fue la pregunta iracunda que todos nos hicimos y luego de que no podíamos mirarlo todos fuimos con nuestros ojos indignados hacia él, lo miramos  como se miran las injusticias, un hombre negro y alto que estaba de un lado de la puerta sentencio:  o te sales del vagón o te entro a coñazo” y el mendigo repetía “Pero si yo no como vegetales” y un susurro que iba en aumento  aprobaba su desalojo “Si que se salga  que bolas tienes este” “ con hambre uno come lo que sea“ señora eso no era hambre era para la droga” la universitaria piadosa no quería ser vista, bajo la cara, de repente la vergüenza se mudo a su rostro y se sostuvo del tubo y de su morral , un morral ahora más vacio y sin almuerzo, quizás ella iba a la universidad pero ya en el metro había aprendido algo:  la piedad hay que saber administrarla.  

EL NIÑO



Me monto en el metro, un niño con discapacidad se le queda viendo a un hombre calvo, el niño tendría diez años, las manos y los pies las tenía como el país: torcidos. Gritaba sin mayor coherencia, el hombre calvo estaba sentado e intentaba esquivarlo. El niño reía mientras le sacaba la lengua de forma lasciva, sí; era una imitación, algo que parecía hacer cada cuanto. Sí; un niño de diez años sacaba la lengua de forma lasciva. Se fue acercando entre besos, prácticamente se abalanzó sobre el señor que, confuso, no encontraba que hacer. El niño logró besarlo en la frente y volvió por la boca del señor; éste, enfurecido, lo empujó: "Qué te pasa carajito, quédate quieto". El niño cayó al suelo, el señor sintió culpa, el niño siguió riendo. Insistía en el señor calvo al que le beso la frente. Otro señor lo agarró, él seguía lanzando besos y sacando la lengua. Él quería sacar la lengua. Insistía entre beso y beso; era un niño de diez años, con discapacidad, harapiento, curtido, solo. El señor calvo qué el beso en la frente argumentaba: “Coño, lo empujé porque son otros tiempos pana, ¿qué sé yo si tenía una vaina?”.  Sus dos amigos se reían de él: “Marico, se enamoró el carajito de ti”; “¡chamo, coronaste!, hasta beso y todo, marico”. Una señora sacó al niño del vagón mientras otro comentaba: “Sí, sáquenlo. Va a terminar jodido si sigue buscando un beso”.
La imagen fue dolorosa… como lo curtido del metro, como lo cansada que esta nuestra piedad; pero la imagen de ese niño con discapacidad, harapiento, curtido y solo que quería un beso en la boca y sacaba la lengua para pedirlo, es sólo la punta del Iceberg de todas las imágenes que lo llevan a estar así en el metro, porque este señor calvo sólo lo empujó y apenas empezaba la tarde…


domingo, 22 de enero de 2017



No quiero sentirme sola,
ni dejar la muletilla de tu nombre,
atravesar el vértigo del adiós.
No quiero rendirme,
quiero insistir en la esperanza,
volver a las calles de tu espalda,
salvarme  debajo de tu ombligo.

No quiero dejarte aunque ya no estés.
No quiero perdernos,
aunque tengamos permiso para divagar,
entonces:
Si hoy no me quieres,
yo nos quiero por las dos. 


jueves, 19 de enero de 2017

CICLOS



*Ciclos: Repetición de cualquier fenómeno periódico, en el que, transcurrido cierto tiempo, el estado del sistema o algunas de sus magnitudes vuelven a una configuración anterior.



Mujer ciclo,
Contradicción periódica que  abandono
por el error trágico de pensar que te cerrabas.

De lo contrario,
corro el riesgo
de volver a perderme
en la voraz centrifuga de un ritual infinito de placer y dolor.