lunes, 23 de enero de 2017

La Universitaria



Entro al vagón del metro, pensando que mi desayuno fue más pequeño que mi estomago, me sostengo del tubo y miro a mi alrededor,  en el medio  hay un mendigo llorando, hincado, pidiendo, suplicando comida; un silencio nos contiene a todos, quizás todos estamos igual pero no nos arrodillamos, simplemente nos sostenemos del tubo, el silencio colectivo continua mientras el mendigo sigue suplicando arrodillado, una joven que tenía toda la pinta de universitaria  lo mira como ninguno se atreve a mirarlo, saca de su bolso su pote de comida y le dice “Chamo sabes que, llévatelo, comételo tú” el silencio se convirtió en admiración, se quedo sin almuerzo, la universitaria se quedo sin almuerzo, nadie quería mirar, la compasión nos sorprendió a todos, el mendigo agarra el pote de comida lo revisa y le dice” No chama, yo no como vegetales, prefiero revisar la basura pero yo no como vegetales”…¿ En serio? Esa fue la pregunta iracunda que todos nos hicimos y luego de que no podíamos mirarlo todos fuimos con nuestros ojos indignados hacia él, lo miramos  como se miran las injusticias, un hombre negro y alto que estaba de un lado de la puerta sentencio:  o te sales del vagón o te entro a coñazo” y el mendigo repetía “Pero si yo no como vegetales” y un susurro que iba en aumento  aprobaba su desalojo “Si que se salga  que bolas tienes este” “ con hambre uno come lo que sea“ señora eso no era hambre era para la droga” la universitaria piadosa no quería ser vista, bajo la cara, de repente la vergüenza se mudo a su rostro y se sostuvo del tubo y de su morral , un morral ahora más vacio y sin almuerzo, quizás ella iba a la universidad pero ya en el metro había aprendido algo:  la piedad hay que saber administrarla.  

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