lunes, 6 de marzo de 2017

LA CASA



Su casa se lo comía de vez en cuando¡ eso decía él y la gente no le creía, “eso es flojera tuya Ramón de salir de tu casa”! Pero el insistía en que era así, que su casa era como vivir con un animal peligroso, de vez en cuando lo comía, que había que tener cuidado, Ramón  decía que toda su Familia había muerto en esa casa, él  era técnico en computación y había quedado solo luego de la muerte de su madre.


               Ramón trabajaba por su cuenta disponía de sus horarios y  la verdad no le iba mal, tenía una novia  María, María era   gris como un horario de oficina  pero constante y atenta con él,  ella se quedaba en su casa pero solo dos días porque si pasaba más tiempo ella corría el riesgo según Ramón de padecer la enfermedad de la casa, María en el fondo creía que era un excusa para no comprometerse, la verdad después de tres años quedándose solo dos días no estaba del todo de acuerdo y varios conflictos por esa razón, pero Ramón insistía que era por su bien y que tarde o temprano el moriría ahí en esa casa y no quería que le pasase los mismo a ella.


               Cuando María o los amigos (que eran pocos) de Ramón le preguntaban unos escépticos otros con intriga y otros para burlarse, que como era lo de la casa él echaba el cuento, el decía  que cuando trabajaba mucho tiempo en su casa la misma casa lo absorbía, todo comenzaba al despertar, afuera se escuchaba  lluvia pero si Ramón se asomaba notaba como la gente no corría, no se mojaban, no abrían paraguas ni mucho menos corrían de la lluvia, aunque dentro  de la casa  si se escuchaba y se veía el chaparrón, de esa forma era más difícil para Ramón salir de la cama, otra cosa que notaba es que cuando se paraba se sentía débil le invadía una fuerte parsimonia y al tomar un café, sacar un plato, dejar un vaso; sin que él lo recogiera la casa misma lo recogía por él, era un orden silencioso y e aquí el otro síntoma: todos los artefactos de comunicación con el exterior o ruidosos de pronto quedaban en silencio así Ramón sentía que la casa lo observaba,  él sabía que no era un espanto o algo parecido, era la soledad misma de la casa que lo empujaba a la cama a deprimirse en su habitación que empezaba hacer una cárcel, las sabanas lo arropaban sin que él se diera cuenta y las almohadas eran como imanes a su cabeza Ramón tenía que luchar por su vida cada vez que eso pasaba porque la sensación no era dolorosa era placentera y la casa lo sabía, cada hora que pasaba somnolienta atrapado suavemente sobre las sabanas su cuerpo se descompensaba y llegar a la puerta era un camino largo, imposible como si de pronto la sala, el baño, los metros cuadrados se multiplicaran de tamaño y no pudiese ramón llegar por la distancia y el cansancio.

               La casa  estaba en la zona colonia de  la av. panteón era una de esas que te recuerdan el pasado caraqueño, tenía tres habitaciones, la puerta era blanca de esas puertas altas con columnas largas y paredes largas los muebles fueron nuevos cuando su abuela era una niña creció con esos muebles y con un corredor largo que ya para la fecha era un corredor oscuro pero que recuerda perfectamente pasar su infancia corriendo en él, al salir de la sala al ladito hay un patio pequeño lleno de matas, Ramón quedo con la tarea de regalarlas pero han venido muriendo una tras otra de forma lenta, las tres habitaciones de la  casa no tienen puertas solo cortinas tristes que dejan expuesto a capricho del viento las cosas de la habitación, el dormitorio de su mamá quedo intacto  una cama matrimonial, un ventilador oxidado que en sus tiempos mozos ayudaba con la humedad, todos los cuartos tienen ventilador pero el único que sirve es el de Ramón, la mesa de noche conserva los perfumes, zarcillos y cremas de la mamá, parece un museo y como museo por años nadie ha tocado nada de ahí todo está acompañado por polvo , polvo que parece arenilla, cenizas compartiendo con ácaros y nostalgia , la mesita de noche es vecina del closet también sin puertas donde se ven los vestidos de la mamá,  vestidos que la acompañaron en tiempos de Pérez Jiménez  el piso de la casa es de un cemento verdoso las paredes tienen estrías en ciertas esquinas y hay retratos de la abuela cuando joven y de la madre cuando joven en aquellos retratos blanco y negro o colores opacos, el otro cuarto que hay en la casa es el cuarto de “los peroles” está estacionado el triciclo de Ramón, pequeño y lejano como su infancia, pelotas espichadas todas azules, Ramón le encantaba ese color de niño, un súper héroe sin brazos, una perinola y una china, carritos y más carritos llenos de polvo sin niños sin el sonido onomatopéyico de algún infante que simulara su arranque, también están los cuadernos de Ramón de su infancia, sus primeros dibujos, su primer intento de arreglar artefactos, hay  sin duda una inmovilidad aterradora y al mismo tiempo una nostalgia escandalosa en cada objeto, una cama partida, la primera cama de Ramón donde se masturbo por primera vez, donde se chorreo de miedo antes de llamar a mamá, donde soñó quien seria o quien no, donde se pregunto cómo serian los ojos de su papá, como abrazaba su papá, un papá que nunca vio y siempre añoro y odio al mismo tiempo, también hay muñecas, eran las muñecas de su mamá cuando era una niña., una colección de arlequines tan limpios como fríos que parecen mirar a Ramón y Ramón solía de niño asustarse cuando los veía, ese cuarto es un portal del tiempo una embajada de pequeñas y grandes cosas de un pasado generacional,  en ese cuarto su mamá jugo a las muñecas y soñó su príncipe, príncipe que en realidad  le pegaría, la engañaría y se marcharía sin razón ese príncipe que jamás vivió ahí , A veces Ramón cree que la culpa es de la casa porque lo mismo paso con su abuelo tampoco lo conoció y esa casa es acopio de soledades de generación en generación por eso Ramón tiene miedo de que, la casa rechace a María. Detrás de esa habitación esta la cocina y el patio, quedan aun los envases donde comían el perro y el gato que también murieron  y sirve ahora ese patio para que Ramón guarde las  computadoras que repara y las arregle, ahí la cocina es simple ,humilde pero como él dice cuando la casa quiere volver a intentar matarlo todo lo limpia sola,  él cree que las manos de la casa quedan en la cocina y el corazón también, el corazón dice Ramón que está cerca de las Ollas, ollas viejas pero que se conservan por el poco uso, los cubiertos son buenos al igual que las copas. 

               El cuarto de Ramón es el cuarto que aun tiene signos de vida, el televisor, la radio algunos colores más vivos en las sabanas de la cama matrimonial pero igual de sobrio de arreglado, él dice que desordenando su habitación se siente más vivo y es donde verdaderamente pasa más tiempo ahí y en el patio, los otros espacios de la casa no los habita, incluso evita quedarse mucho tiempo, el cuarto de Ramón tiene baño y eso es un gran alivio para él, el closet si tiene puertas aunque sus camisas son todas iguales incluso repite colores y sus pantalones igual, al igual que sus zapatos María siempre intenta comprarle ropa  más viva, de más colores pero siempre se quedan en el closet discriminada por la inercia y la costumbre casi religiosa de Ramón de ponerse lo mismo.

               Así día tras día va Ramón en su casa pero en estos días de lluvia siente más miedo se asoma desesperado por la ventana cada vez que llueve y cuando ve a la gente con paraguas se alivia, prepara un café le escribe a María pero María está molesta se canso de sus dos días de turno, lleva casi dos semanas sin pisar la casa,  Ramón se impacienta prende la radio, prende la televisión repite el ritual, se aburre, por estos días decembrinos Ramón no tiene mucho trabajo todos están pendientes de las compras navideñas, de las hallacas,  camina por la casa, entristece, va donde sus computadoras las arma y desarma sin coherencia no sabe qué hacer con tanta libertad, no sabe cómo conseguir sentirse bien en realidad Ramón pocas veces se siente bien, pocas veces es feliz y la casa, la casa que no ayuda,  varias veces ha pensando mudarse, alquilar la casa, venderla, abandonarla incluso, y ahora que María está ausente y tiene ese latigazo de miedo en el estamogo ese latigazo que solo la ausencia o el temor de la ausencia perenne de un ser querido trae, Ramón toma la decisión, alquilar una habitación cerca o se irá donde María, pero al pensarlo al tomar la decisión sabe perfectamente que la casa lo notara que empezara de nuevo a evitarlo.

               Rápidamente Ramón empieza a recoger sus cosas lo más importante cuando un aguacero golpea las paredes, las ventanas, el frio se le mete por los huesos llueve como con rabia, resentimiento liquido, un llanto iracundo quizás, Ramón teme voltear a la ventana teme ver lo que sabe se aferra a la ventana no la quiere abrir, le escribe a María desesperadamente “por favor venme a buscar me voy contigo, venme a buscar” al darle a enviar el cielo se sigue reventando quizás ese cielo oscuro de la casa y Ramón desesperado en un impulso por salvarse sabiendo que si esa lluvia era de la casa seguirían los otros síntomas corrió para la puerta y corrió corrió muy fuerte, los vecinos en sus ventanas no entendían mucho su conducta pero Ramón seguía corriendo hasta que desapareció de la cuadra y de la gente de la Avenida panteón.

                Cinco horas después llego María, la puerta estaba abierta grito varias veces “Ramón” Pero no había nadie en  la casa, empezó a recorrerla, vio las maletas de ramón a medio hacer y continuo doblando la ropa y metiéndola en las maletas asumió que por la puerta estar abierta él no estaría muy lejos ni se tardaría mucho, mientras esperaba fue a prepararse un café María estaba un poco asombrada con la radicalidad con la que le escribió Ramón incluso sentía que estaba asustado, al terminar de tomarse el café dejo la taza en el fregador y se fue a terminar las maletas, al terminarlas le dio un sueño parsimonioso y durmió plácidamente mientras una pequeña llovizna se escuchaba afuera

               Cuando María despertó ya eran las 10 de la noche, esperando encontrar a Ramón en la casa empezó a llamarlo a revisar la casa pero no, ramón no estaba intento llamarlo pero el celular no tenia señal y el teléfono de la casa no servía, fue a la cocina a prepararse algo de comer  y noto que la taza que había dejado sucia en el fregadero estaba limpia y en su puesto, asumió que olvido cuando lo hizo y siguió en la preparación de la cena mientras comía sus arepas con revoltillo miro preocupada el reloj se asomo a la ventana preguntándose donde estaría Ramón y porque no había llegado a la casa, al mirar la ventana noto que mientras llovía nadie se mojaba y recordó las palabras Ramón, “la casa me quiere matar maría” y recordó las veces que esa misma imagen la contaba Ramón, la lluvia, la taza de café limpia, el sueño, asustada María corrió al cuarto, Ramón decía que ahí se sentía más seguro así que ella opto por lo mismo pero el sueño la vencía, tenía miedo dormir pero los ojos se le apagaban una y otra vez

               Cuando María Despertó habían pasado tres meses, una nueva sensación la invadió, como si la casa en un silencio le hubiese dado la bienvenida, María sentía que la casa se había entregado a ella, que le pertenecía, reviso las cosas, los cuartos, y poco a poco se fue acostumbrado a esa soledad, añoraba a Ramón, pero así como su abuelo, y su padre algo le decía, que Ramón no volvería Jamás.

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