A LOS CULPABLES



Ojalá un día un coágulo de patria te despierte.
Sientas, como mal presentimiento, que algo está por cambiar.

Ojalá un día, sin motivo aparente,
sientas temor de abrir la puerta
y al salir te encuentres con la obligación de hacer una cola para vivir.

Ojalá quieras abrazar a tu hijo
y en cambio consigas una bala durmiendo en su cama.
Quieras llorar, gritar
y un ruidoso Himno Nacional se eleve sobre tu propio ruido.
Y nadie pueda escucharte.

Ojalá, apasionado, tomes las calles;
encuentres al mundo ciego.
Infectado de misiones y regalías…
Iracundo; busques las noticias para saber, para estar,
y descubras el periódico en el baño.
Intentes huir, tosas, te asfixies,
busques ayuda en un nebulizador que no llegó en la aduana,
en esa aspirina que no hay…
Adolorido, vomitando patria,
quieras escapar sin cupo para un auxilio.

Ojalá tú futuro sea un billete verde
que de pronto se confunda con tus venas;
sintiendo el dolor de arrancártelo de las vías.
Notes, al momento de defecar,
que cagas monedas con la cara del libertador.
Y diarreico y millonario entiendas
que no vale nada tu inmensa fortuna.

Ojalá que Dios, en un arranque de sensatez,
te declare inmortal y reproduzca en ti (como una implosión perversa),
todos los cánceres que no sanaron por falta de quimio.

Ojalá que te quedes descalzo en el asfalto de fuego
que tapa la voz ardida de los muertos: sin flores, ni justicia.

Ojalá se te llene la piel de quejas
y sólo estén dando dos lágrimas por persona.

¡Ojalá tantas cosas!

Ojalá que sin importar tu esfuerzo,
el futuro se te vista de nones…
el bolsillo se te vista de nones,
el honor se te vista de nones.
Y cuando quieras gritar, pedir perdón,
vuelvan a entonar el himno y nadie pueda escucharte.

Ojalá no puedas morir y sufras tantos días como un país.

Ojalá escuches todos los disparos que tu soberbia detonó.
¡Y así, entonces! te deseo:
25 mil noches soñando con cada víctima impune.
Qué sudes formol con miedo.
Qué el seguro no cubra tu desesperación.

Ojalá te regulen la felicidad, o peor aún, no te la acepten.
Ojalá el asesino de tu hijo tenga piscina en prisión
y la ministra se tome una foto con él.
Y entonces, quieras llorar en el suelo, mirando el cielo,
y retumbe nuevamente el Himno Nacional
Sabiendo así, que cada cosa y cada año…
no importa cuánto dolor sientas, nadie, absolutamente nadie,
podrá escucharte.



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