VOLVÍ AL BOXEO
VOLVÍ AL BOXEO Vuelvo al boxeo. La báscula y mi salud mental me lo piden. Entro, y entro sin ganas. Mi cuerpo siempre ha sido para follar y trasladarme. Abro la puerta, se escucha al entrenador, huele a sudor. Hay más hombres que mujeres y los hombres sudan, sudan, sudan. Salpica la testosterona. Me esquino lejos, me molesta el ruido de los quince seres humanos sudados donde solo dos son mujeres. Mi entrenador me divisa: —¡Karlina, entra! Me acerco, comenzamos a calentar. Hay música de hip hop esta vez. Mi entrenadora del turno de la mañana está, me abraza con alegría: —¡Volvió el sabor! Me río, la abrazo, también me alegro de verla. Movemos las piernas, los pies, los hombros, el cuello. —¡Vamos chicos, vamos! —insiste el entrenador. Mi cuerpo busca todas las formas de hacer menos. —¡Vamos Karlina, vamos! —replica mi entrenador, que ya me conoce. —¡Sombras, chicos! —ordena el entrenador. Eso significa que debes ponerte las vendas. Las mías son del color del ar...