RECLAMO


¡Tengo que reclamarte!
Yo me enamore de ti, y tú,
tú nunca pudiste enamorarte de ti.
Y ahora las dos te lloramos,
con angustia, con desesperanza.

¡Bastabas, te lo juro!
No fue necesario implantes treinta y seis
para quedarme en tus pechos,
ni  el abdomen de Sasha para curarte el dolor de vientre,
ni el cerebro de Simone de Beauvoir para dibujarme contigo.

¡Bastabas tú, maldita sea! Solo tú,
con tus medidas, con tu impaciencia,
con tu deliberada estupidez.
Con tu humor adolescente,
con tu amor desmesurado, desordenado, anómalo,
mío, tuyo, nuestro.

¡Bastabas tú!
Tú, solo tú…¿Y ahora lo entiendes?
Cuando el reloj me clavó sus manecillas y, vencida, renuncie a ti.
No, ¡no llores!
Me atormentan tus lágrimas, tu epifanía tardía,
tu grito asustado, tu infierno nuevo.
Ya no puedo salvarte, y me duele,
como si tu carne fuera la mía y la miro quemarse sin remedio.

No grites, no grites más
que si te quemas es porque las  llamas vienen de ti.
Y si yo vuelvo me incineras.


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